La religión, en sí misma, no es mala (a excepción de sectarias  o integristas  que denigran al ser humano como tal).
Por lo demás, la gente religiosa merece tanto respeto como la que no lo es.  Es una cuestión, netamente, de fé, creencias y supersticiones.   Libertad de expresión (y elección).
Lo malo es cuando las acciones no son consecuentes con los pensamientos.
Y si alguien, ante un altar o ante su grupo religioso, publicita “los buenos sentimientos y los comportamientos morales y éticos” TAMBIÉN debe demostrar esas palabras, en la calle, ante el resto de sus semejantes.  Incluso ante los ateos y descreídos.   Y, por supuesto, ante la propia Naturaleza que es nuestra madre proveedora de vida.
No solo hay que serlo.  También hay que parecerlo.

Religión

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