Cuando algo – o alguien – te haga daño, haz un ejercicio de interiorización y perdónate a tí mismo.
Si esa circunstancia o esa persona fué cruel contigo.. es porque tú cometiste el error de permitírselo.  Quizá una vez.. quizá más..
Inconscientemente, tú diste pábula a ese comportamiento.  ¡ Perdónate y vuelve a vivir con el alma libre !.
¿De qué forma?:
Es tiempo de recorrer las sendas de nuestra propia interioridad.
No siempre vamos a encontrar partes de nuestro Yo que nos resulten agradables y placenteras.
A veces, no queremos recordar momentos o situaciones en las que nos hemos sentido incómodos, minimizados o insatisfechos.
Sin embargo, la vida nos somete cada día a innumerables decisiones y lo que, cada uno haga en tales circunstancias, puede no ser lo mejor.
Cuando volvemos la vista atrás, reconocemos que podríamos haber actuado de otra manera.
Miles de disculpas podemos darnos, a veces con razón, a veces sin élla.
Pero si no aceptamos nuestro propio error, no hallaremos paz interior ni podremos recorrer libremente sus territorios, porque siempre habrá zonas oscuras donde reine lo autodestructivo.
Para que nuestro Espíritu crezca en grandeza, es necesario que abandonemos el orgullo y afrontemos las equivocaciones que hemos podido cometer.
Una vez que las hemos visualizado, que hemos sentido nuevamente el dolor que una vez nos produjeron, llega el momento de repararlas desde adentro hacia afuera.  Cada uno con su propio estilo: gritando.. llorando.. 
Debes pensar que, en éllo, reside la verdad de tí mismo, y que la armonía debe ganar la batalla en tu corazón.
Así la luz divina penetrará en todos los rincones de tu Alma y te llevará al regocijo de sentirte libre, valeroso y en paz.
Desde mi propia experiencia os digo: Sólo te hacen daño si tú permites que te lo hagan.
Libérate de ese sentimiento de culpabilidad para poder disfrutar de la Vida y del Amor con mayúsculas.
Abrazos, mis queridos lectores.
Hasta la próxima !!!!.

arena

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